«Odio las flores. Las pinto porque son más baratas que las modelos y no se mueven»
Georgia O’Keeffe



Otros pintores de su época la calificaban una de las mejores pintoras mujeres, ella dijo que simplemente era una de las mejores pintores. Conocida como la madre del modernismo americano, suele ser recordada por sus pinturas de flores cercanas a la abstracción, pero un recorrido por la obra que realizó a lo largo de muchos años, demuestra que eso es sólo una pequeña parte de su trabajo.

Nacida en 1887, estudió arte en Chicago y Nueva York, formándose en técnicas de pintura realista. En 1915 realizó su primera serie de dibujos abstractos, convirtiéndose en una de las primeras artistas estadounidenses en usar la abstracción como forma expresiva. Un año más tarde, enviaría un ejemplo de sus trabajos a un amigo, que a su vez se lo enseñaría a Alfred Stieglitz, fotógrafo y fundador de la mítica galería 291. Él sería quién organizase la primera exposición en solitario de Georgia hace ahora justo 100 años. También quien se converiría en su marido y compañero, dos artistas cuyos trabajos se influyeron y nutrieron mutuamente a lo largo de los años.

Tan sólo unos años después de esa exposición, Georgia ya se había convertido en una de las artistas más influyentes de EEUU. Entre sus trabajos, composiciones puramente abstractas, las famosas flores, paisajes desérticos inspirados en su amado Nuevo México, donde acabaría residiendo los últimos años de su vida. También calaveras y obras inspiradas en el arte indígena.



En los años 50, comienza a viajar para enseñar su trabajo en muestras internacionales y sus viajes en avión inspiraria toda una serie sobre cielos y nubes. Y siguió pintando hasta 1972, cuando su vista comenzó a fallar tanto que dejó de ser posible para ella pintar al óleo sin asistencia. Eso no haría que dejase de tener nuevas ideas hasta su muerte en 1986, a los 98 años, «Puedo ver lo que quiero pintar» – comentó una vez – «lo que hace que quiera crear sigue ahí».
