Barry McGee: street art en el museo

El graffiti desde sus más profundos orígenes siempre se ha sustanciado en un mismo acto, que puede desembocar en un desarrollo artístico mayor, o no. Se trata del “tag” o firma, la acción de escribir el nombre del graffitero por diversas superficies urbanas. El tag, aunque muy molesto visualmente para la mayoría de la ciudadanía, es necesario para que el artista tome contacto con la calle, el medio urbano y comience a desarrollar una caligrafía propia, una identidad que continuará expandiéndose a otras manifestaciones artísticas.

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Barry McGee realizando uno de sus tags

Uno de los artistas urbanos que difundieron el tag, casi como disciplina artística, fue Barry McGee (San Francisco, 1966), apodado Twist, sobrenombre con el que firmaba las calles de su ciudad natal a principios de la década de los 80. McGee siempre había tenido curiosidad por el arte, pero nunca se había planteado cursar estudios especializados ni practicar ninguna actividad relacionada, hasta que comenzó a introducirse en el mundo del street art y descubrió, entusiasmado, la sensación de firmar en la calle, de hacer tags. Declaró al respecto: “Tenía mucho más sentido para mí, era mucho más inmediato”
A pesar de estar involucrado de plano en el graffiti, McGee no pensaba ir más allá de taggear. La adrenalina que despertaba en él la ilegalidad del taggeo, parecía suficiente en ese momento. Sin embargo, McGee sí que se adentró en el mundo del graffiti, su cultura, sus crews, sus agentes artísticos propios: al fin y al cabo, un universo artístico paralelo. Y en este universo conoció la obra de David Wojnarowicz, que le inspiró profundamente y le marcaría durante el resto de su carrera.

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Una pieza figurativa y un tag de Barry McGee

A finales de los 80 McGee comenzó a estudiar en el San Francisco Art Institute y se especializó en pintura y técnicas de impresión.
Una de las mayores influencias en la carrera de McGee fue su esposa, Margaret Kilgallen, también artista y que fue una figura decisiva en la vida de Barry a la hora de cursar sus estudios y en el desarrollo de las obras de McGee en los años 90. Se conocieron porque los dos formaban parte de un grupo de street art. Kilgallen y McGee pintaron juntos en la calle. Muy influenciada por la música folk y por un feminismo natural e intuitivo, Margaret desarrolló un estilo que, aún a día de hoy, podemos ver reflejado en las obras de Barry. De hecho, Barry y ella realizaron algunos trabajos juntos y llegaron a exponer un proyecto en el Hammer Museum de la Universidad de California. Por desgracia, Margaret falleció en 2001, a causa de un cáncer de mama que no quiso tratarse para poder dar a luz a su hija.

A finales de los 90 Barry seguía taggeando y, a la vez, realizando obras que empezaban a circular por galerías de arte. Por sus taggeos y piezas urbanas, se había ganado el respeto de sus colegas, siendo muy apreciadas sus caligrafías de tags y sus piezas repartidas por muchos de los estados de EE.UU. Por otro lado, sus obras de arte realizadas bajo la influencia del cómic, de su esposa y, por supuesto, del street art, también estaban siendo valoradas. Barry McGee estaba entre dos mundos tradicionalmente opuestos, en una época en la que todavía no era tan común ver artistas urbanos en los museos, ni artistas de taller en las calles.

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Pieza de Barry McGee sobre un coche abandonado. Para el artista la ciudad era un caos de suciedad, decadencia y abandono social

Caleb Neelon, autor de “The History of American Graffiti”, recuerda esta situación de McGee: “Siempre se ha dado la entretenida tensión entre interiores/exteriores con el graffiti y el hecho de introducirlo en las galerías. Es un debate muy antiguo, pero lo que Barry hizo mejor que nadie fue mezclar los dos mundos. Utilizó técnicas de Bellas Artes en la calle y llevó el caos junto con la suciedad, la energía y lo impredecible de la calle a las galerías.”

Las críticas hacia el artista no se hicieron esperar. Le acusaban de haber dejado de ser analítico con el sistema y alejarse de las líneas que había explorado en el arte urbano, para incrustar producciones de baja calidad en los circuitos convencionales del arte. McGee siguió pintando en la calle hasta que su carrera en el mundo del arte tomó un cariz más predominante. Y las críticas parecen haber remitido, gracias a su carácter calmado y humilde. Aunque actualmente viaja bastante y ha expuesto en diferentes países, sigue viviendo en el mismo vecindario que cuando empezó a pintar en la calle. Nunca ha dejado de lado sus raíces callejeras, sus primeros compañeros de taggeos y sus comienzos en el graffiti. Además, como artista urbano, el desapego es una parte fundamental en su trabajo y, a pesar de que en el mercado del arte es prácticamente imposible practicar este desapego de la obra, sí que provee al artista de una cierta impermeabilidad, lo cual ha tenido como resultado un afianzamiento de su posición. Y si el mercado del arte no te puede hundir, te aúpa.

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Instalación de Barry McGee con su característica disposición

En 2001 Barry McGee fue seleccionado para la Bienal de Venecia, lo que supuso un impulso definitivo en su carrera artística. En 2004 expuso en el Walker Museum de Minneapolis, y en el Museum of Contemporary Art de Los Angeles. A raíz de estas exposiciones y su creciente popularidad, algunas de sus piezas que todavía seguían en las calles de San Francisco comenzaron a ser arrancadas y robadas para especular con ellas en el mercado del coleccionismo.
En 2012 el Berkeley Art Museum realizó una impresionante retrospectiva del artista que tuvo una gran repercusión.

Tras, y durante, la época del taggeo, McGee comenzó a realizar obras de carácter figurativo, sobre todo en la producción de taller, aunque fue progresando hacia unos patrones geométricos que se integran junto a sus figuras en, por lo general, grandes instalaciones y conjuntos de obras. Repetitivo y abrumador en sus representaciones, persigue proporcionar diferentes sensaciones al público. En la retrospectiva del Berkeley Art Museum compaginó estas enormes instalaciones junto a otras con maniquíes autómatas, que recreaban situaciones donde personas estaban pintando graffitis o haciendo tags. Un mundo un tanto ecléctico pero que, sin duda, cobra coherencia al repasar la carrera de McGee.

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Piezas de su exposición individual «China Boo» en la galería Ratio 3, en 2015

El artista también suele trabajar con temas obsesivos que reaparecen una y otra vez, como son las marcas publicitarias de los 60-70, el surf y el skate, entre otras culturas urbanas. Temáticas que influyeron en el artista como persona, durante su infancia y juventud y que no dejan de formar parte de su imaginario y el origen de su personal iconografía.

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Instalación de Barry McGee, donde se puede leer un cartel que dice: «Para todos los taggers. Por favor no pintéis en este camión y no quitéis este cartel. Gracias»

El tag como acción urbana no ha desaparecido, de hecho, Barry declara: “Hay más gente que nunca taggeando.[…] La gente sigue interesada en dar a conocer su nombre, mostrar a la sociedad que ellos tienen estilo.” Y añade: “Es una forma de competir con la publicidad, creo. Y es una de las pocas cosas que no han sido corrompidas, por eso muchos jóvenes lo siguen haciendo. Yo también, de vez en cuando.”

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Créditos de las imágenes: www.12ozprophet.com, greenlabel.com, www.juxtapoz.com,www.art21.org, mezcolanzas.wordpress.com, artery.wbur.org, hyperallergic.com